sábado, 25 de octubre de 2008

Rodolfo Walsh: un ejemplo de militancia.




Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan héroes, ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores, la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan, la historia aparece así como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.


Rodolfo Walsh nace el 9 de enero de 1927 en la ciudad de Choele Choel (provincia de Río Negro). Descendiente de irlandeses, Walsh vive una infancia en una familia de clase media y es educado en colegios religiosos de Capilla del Señor y Moreno. Su vocación era ser aviador, aunque su incursión en el mundo de las letras, en su adolescencia, lo marcó para siempre. Cuentos policiales, traducciones para la editorial Hachette, artículos de periodismo cultural para diversos medios -entre los que figuran La Nación-, y un premio municipal de literatura figuran en su curriculum hasta el ‘56.
Éste joven comienza desarrollando sus aptitudes como escritor de literatura policial y como periodista y traductor. Pero cercano a cumplir los treinta años, toma conocimiento de los hechos que cambiaran radicalmente el eje de su labor como escritor. En 1956, en un café de La Plata, alguien le dice que de los fusilados en el basural de José León Suárez, que había ordenado el gobierno nacional meses antes, había un sobreviviente. Sacudido y preocupado por aquellos hechos se animó y fue más lejos que la ‘gran prensa’ y que la misma justicia. Comenzó a indagar sobre la historia de los fusilados del ‘56, averiguó acerca de sus verdugos, encontró a sobrevivientes y nunca dejó de buscar respuestas. A partir de entonces, empezó a desarrollar un nuevo tipo de literatura y de periodismo comprometidos con la realidad social y política, basándose en principios de igualdad y justicia. A raíz de este caso escribió “Operación Masacre” en donde se ve una manifestación del cuento policial junto a una búsqueda de la literatura testimonial.
Más tarde tras un encuentro con el General Perón en Madrid, fundó una revista gremial para los trabajadores. Sabía que el movimiento obrero era traicionado por sus principales dirigentes, y los enfrentó descifrando el asesinato de uno de ellos: “¿Quién mató a Rosendo?”.
Pero su estilo no lo dieron solo estos escritos, Walsh tenía una historia: había resuelto algunos casos en los cuentos ‘Transposición de jugadas’, donde se manifiesta la rudeza de la vida de campo a través del famoso dilema entre el lobo, la cabra y el coliflor; ‘Simbiosis’ donde se entrecruzan la religiosidad popular, el sincretismo y el paganismo, fusionándose dos fanatismos: el religioso y el ateo; ‘Los dos montones de tierra’, describiendo la prepotencia de los dueños de la tierra para con los humildes; ‘En defensa propia’ realizando, por un lado una indagación psicológica de ‘una persona intachable’, y por otro, un análisis sociológico de la parte hipócrita de la sociedad. “El caso Satanowsky”, “Un oscuro día de Justicia”, “Diez cuentos policiales” y “Variaciones en rojo”, conforman el legado de Walsh, entre muchos otros.
En 1958, viaja a Cuba a realizar algunos trabajos periodísticos. Allí funda Prensa Latina junto con su colega y compatriota Jorge Mascetti. Había decidido que no sería nunca más un simple observador privilegiado del mundo, sino que quería formar parte activamente de él: como jefe de Servicios Especiales en el Departamento de Informaciones de Prensa Latina, usó sus conocimientos de criptógrafo aficionado para descubrir, a través de unos cables comerciales, la invasión a Bahía de Cochinos, instrumentada por la CIA.
Se casó con Elina Tejerina, a quien le dedicará su primer libro. Su esposa estudió letras y fue nombrada directora de una escuela para ciegos en La Plata, lugar donde vivirán. Allí tuvieron dos hijas: Patricia Cecilia y María Victoria.
Como muchos pensadores de su tiempo, se transformó en un intelectual antiperonista, sin por ello enfrentar abiertamente el régimen, manteniendo su tendencia por el nacionalismo.
Pero durante los albores de la década del ´70 asumió una fuerte responsabilidad con el proceso que vivía el país, con el enfrentamiento a los militares de la Revolución Argentina, la venida de Perón y el surgimiento de grupos armados. El compromiso se vio reflejado en la acción directa, aunque su labor periodística continuó. El autor entendió claramente que su compromiso con el pueblo debía ser a través de una entrega plena a fin de aportar su cuota para el proceso liberador. Es así que la denuncia, y la investigación de la realidad ocuparon gran parte de su tiempo.
La militancia de Walsh en las FAP y su identificación con la izquierda peronista, en la década del ‘70, son algunos de los elementos que lo transforman en un escritor maldito. Pero el análisis de su vida y su obra nos demuestran que él fue más allá de las coyunturas. Su movimiento ideológico pasó desde la derecha de la Alianza Libertadora Nacionalista, en la década del ‘40, hasta culminar en la agrupación Montoneros, en los ‘70. Y su trabajo como cronista nos permite, no solo conocer esa evolución personal, sino que ayuda a observar en detalle los cambios sociopolíticos y económicos de nuestro país en la segunda parte del siglo.Su primer espacio de militancia activa fue en el Peronismo de Base, para luego sumarse a las Fuerzas Armadas Peronistas (F.A.P.). Su tarea siempre se relacionó con la información, la inteligencia y la planificación de acciones. En 1973 se incorpora finalmente a las filas de Montoneros en un sector llamado Departamento de informaciones.

Una vez instalado el golpe de Estado en 1976, encabezado por Videla, Walsh crea la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA). Desde allí exhorta a toda la población: "Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. (…) El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información".
La violación a los derechos humanos por parte de hombres que integraron entes armados estatales, fue una constante a lo largo del siglo XX, desde la semana trágica del ‘19, pasando por los fusilamientos en la Patagonia en el ‘20, junto con los atropellos de la década infame, sin dejar de mencionar los 60 años de golpes de estado y la noche trágica iniciada en el ‘76.
Tras la muerte de su hija Victoria, alias “Hilda”, militante montonera de 26 años, Rodolfo Walsh escribió varias cartas. En ellas se explica el contexto que atravesaba la lucha política de nuestro país. “Fue a militar a una villa miseria. Era su primer contacto con la pobreza extrema en cuyo nombre combatía. Salió de esa experiencia convertida a un ascetismo que impresionaba. Su marido, Emiliano Costa, fué detenido a principios de 1975 y no lo vio más. La hija de ambos nació poco después.(…) En las últimas semanas varios de sus compañeros fueron muertos: no pudo detenerse a llorarlos. La embargaba una terrible urgencia por crear medios de comunicación en el frente sindical que era su responsabilidad.
Mi hija estaba dispuesta a no entregarse con vida.(…) conocía el trato que dispensan los militares y marinos a quienes tienen la desgracia de caer prisioneros: el despellejamiento en vida, la mutilación de miembros, la tortura sin límite en el tiempo ni en el método, que procura al mismo tiempo la degradación moral, la delación. Sabía perfectamente que en una guerra de esas características, el pecado no era hablar, sino caer. Llevaba siempre encima la pastilla de cianuro -la misma con la que se mató nuestro amigo Paco Urondo-, con la que tantos otros han obtenido una última victoria sobre la barbarie.
El testimonio de uno de esos hombres, un conscripto: "El combate duró más de una hora y media. Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba, nos llamó la atención porque cada vez que tiraban una ráfaga y nosotros nos zambullíamos, ella se reía."
"De pronto -dice el soldado- hubo un silencio. La muchacha dejó la metralleta, se asomó de pie sobre el parapeto y abrió los brazos.(…) Empezó a hablarnos en voz alta pero muy tranquila.(…) -Ustedes no nos matan -dijo-, nosotros elegimos morir. Entonces ella y el hombre se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros."
(…)Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella, vivió para otros, y esos otros son millones. Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy quien renace de ella.” Esta transcripción de Carta a mis amigos, escrita el 29 de diciembre de 1976 por Walsh explica, no sólo la muerte de su hija sino de miles de compañeros que quisieron ser callados por el terror.

El 24 de marzo de 1977 al cumplirse un año del golpe de Estado, Rodolfo Walsh elabora una carta que más tarde constituirá un hito en la historia argentina. “La carta abierta a las juntas militares” se transformaría en el principio del fin. En la misma el periodista desarrolla con sorprendente precisión todos los hechos de secuestro y tortura de personas como así también, la violación sistemática de los derechos humanos, las políticas de entrega de los principales recursos del país, la debacle económica y la corrupción incesante. Hacía veinte años había publicado el libro más importante de su vida, ‘Operación Masacre’ y recordaba que en el prólogo de la primera edición decía: “Investigué y relaté estos hechos tremendos para darlos a conocer en la forma más amplia, para que inspiren espanto, para que no puedan jamás volver a repetirse”. Pero su deseo no se cumplió, y por eso escribió en su último texto: “Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”. Empuñó el arma que mejor usaba, su máquina de escribir, y redactó el informe más lapidario que tuvo el gobierno militar al cumplir el primer año de gobierno. Su valentía de costó la vida; Walsh pasaría a ocupar un lugar en la larga lista de asesinados durante la última y más sangrienta dictadura militar en nuestro país.
Resiste, revela, devela, Rodolfo Walsh se juega en cada palabra que pronuncia, se arriesga con cada frase que escribe. Reivindicamos su figura, a 31 años de su muerte, como un claro ejemplo de militancia política y social en nuestro país, altamente comprometido con las causas e intereses de la clase trabajadora y con los sectores más postergados. Como un intelectual que supo estar a la altura de las circunstancias logrando mezclar teoría y praxis en la lucha por la Liberación Nacional. Su tarea periodística y literaria trasunta un verdadero apasionamiento por la búsqueda y transmisión de la Verdad Histórica.

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